La nicotina, tan popular entre algunos, es en realidad el mecanismo de defensa de la planta de tabaco. Es un alcaloide tóxico que se produce en las raíces y se transporta a las hojas para protegerse de herbívoros, como insectos y mamíferos.

En los insectos, su principal objetivo, la nicotina es altamente letal. Funciona como un insecticida natural al interferir en su sistema nervioso: se une a los receptores nicotínicos en las sinapsis, provocando parálisis y, finalmente, la muerte. Por esta razón, muchos pesticidas modernos están basados en compuestos similares o derivados de la nicotina.
En animales más grandes, su efecto no suele ser letal, ya que el sistema nervioso de los mamíferos es menos susceptible. Ligado a la supervivencia de este efecto llega otro, y es que la activación de los receptores nicotínicos en el cerebro desencadena la liberación de dopamina, generando efectos estimulantes. En humanos, esta liberación de dopamina es lo que produce placer y, a largo plazo, adicción.
Sin embargo, en dosis suficientemente altas, como todo realmente, puede matarte.
