Fonseca, uno de los nuestros
Me parece impresionante que según mi galería, Fonseca es una de las personas más importantes de mi vida.


Maestro de las palabras y diplomático de Cumstadística. Puede venderte cualquier idea con tal de que suene razonable, aunque sea una estafa piramidal.
J es el equilibrio perfecto entre inteligencia y carisma.
Si C es la lógica pura, J es la comunicación encarnada. Sabe cómo hablar con la gente, cómo caer bien y cómo salir de cualquier situación con una mezcla de ingenio y labia.
Antes era un nerd solitario, pero Belmez lo transformó en un hombre del pueblo, un tipo capaz de conectar con cualquiera.
Su debilidad:
En lo académico, J tiene la extraña habilidad de absorber conocimientos sin parecer que estudia, lo que le ha valido el respeto (y la envidia) de sus compañeros. También es un firme defensor del derecho a ligar en cualquier circunstancia, porque son principios fundamentales en su doctrina:
Me parece impresionante que según mi galería, Fonseca es una de las personas más importantes de mi vida.

Maestro y Señor de las Galletas Dinosaurus y las picsas prosiuto
¿Sabías que “Barbie Girl” de Aqua tiene un parentesco musical con una pieza de hace más de 300 años?
Resulta que comparte una progresión de acordes muy parecida a la del Canon en Re de Johann Pachelbel, un compositor barroco del siglo XVII. No, no es una copia ni un homenaje descarado. Simplemente usa una secuencia de acordes que funciona tan absurdamente bien que la humanidad lleva tres siglos exprimiéndola sin vergüenza.
Lo mejor es imaginar la escena: Pachelbel, con peluca y escribiendo música para la nobleza… sin saber que siglos después sus acordes acabarían sonando de fondo mientras medio planeta canta: “I’m a Barbie girl…”.
La música clásica y el eurodance tienen más en común de lo que el sentido común estaría dispuesto a admitir.
J, en un arranque de generosidad que todavía investiga la Guardia Civil, invitó al cusalónido a Belmez. Como Cusa no tenía nada especialmente interesante que hacer (aparte de hincharse a torrijas) aceptó con el clásico sticker de “okei”.

El Jose le dijo a Cusa que estuviera a las 8:30 en el Rectorado. DOS (2) veces. Pero el cusalillo que es más cabezón que un melón, no se enteró y se plantó allí a las 8:00, al que madruga Dios le ayuda supongo.
Indirectamente hizo un servicio a la comunidad, porque solo gracias a su llamada de coordinación, J se levantó de la cama. El trolaco llegó a las 6AM de Zaragoza y aprovechó esas 2 horas para dormir un poco.
Llegamos a Belmez y el josumatorio me suelta que tiene clase. Que si quiero ir. Cusa, en su tónica de darle “okei” a todo, le da okei.
La clase no estaba mal, aunque se la sudaba a todo el mundo con la fuerza de un pantano desembalsando. Los únicos que atendimos fuimos yo —alumno modélico, príncipe de la virtud— y Óscar, un personaje del que ya nos había hablado J. Yo no me imaginaba que estuviese tan reventado de la vida: le faltaban piezas dentales, olía a tabaco y parecía haber tirado la toalla en todo menos en perseguir su sueño de ser universitario. Vamos, un GANADOR con todas las letras.
Por lo menos aprendí algo: ya sé pasar de latitud y longitud a coordenadas cartesianas en un mapa de España. Toma ya. De Belmez al cielo, del abismo a cartesianas.
La clase fue más larga que un día sin pan y más densa que las lentejas del cusa. Empezaba a las 10, eran como tres horas de presentación y luego había una práctica/ejercicio. A mi juicio, con 45 minutos de lectura y 1,25 horas de ejercicio aquello iba más que servido, pero la universidad pública tiene esa manía tan suya de confundir duración con profundidad.
El ejercicio era después de comer. Yo hice pellas. Si me quedaba un poco más me convertiría en Don Gerhard Mercator, cartógrafo y comerciante ilustre e hijo pródigo de Duisburg (/tags/duisburg). No, gracias. Prefiero ser un cusalillo feliz que un cartógrafo amargado.
En principio íbamos a ir al Gran Bar, templo ya conocido por los cumstadísticos, santuario de fritanga y redención, pero el único compañero de carrera de J persuadió al josecillo para ir al Asador Restaurante Crespo.
Escúchame: no he visto un camarero con más parsimonia en mi vida. Aquel hombre no trabajaba, simplemente vivía el momento al máximo sin hacer absolutamente nada. No nos trajo las bebidas a la mesa, nos puso unos vasos con tanta cal que les echabas agua y se convertían en leche de la COVAP, y encima tuvimos que ir nosotros a pedir la carta. Faltó que nos dijera dónde estaba la cocina para hacernos el solomillo nosotros mismos.
Yo pedí solomillo de cerdo a las brasas y estaba muy bueno, las cosas como son. Jose pidió carrillada y no estaba muy allá. Correcta, pero sablada.
La verdad es que el sitio me decepcionó. Me da mucho coraje la típica parsimonia del camarero cordobés: esa mezcla entre “ahora voy”, “no tengo prisa” y “si te mueres, te cobro igualmente”.
“El que espera desespera, pero el camarero de Córdoba ni se entera”, Rosalía de los Gazules.
Como ya avancé me dio pereza quedarme a la práctica y me volví a casa, donde me recibió el alemán psicópata. Estuve hablando un ratillo con él en alemán y me sorprendió que al psicópata le costara tanto hablar en alemán. El hombre me lo agradeció, porque en Belmez no tiene nadie con quien practicar. Normal: en Belmez lo internacional se basa en ser panchito o moro: el sota, caballo y rey.
Luego me puse a escribir durante el resto de la tarde, porque tengo el examen del C1 en una semana.
Solo interrumpí mi descanso con vídeos de Agarthan Math, porque uno no puede regenerar el alma sin matemáticas subterráneas y esquizofrenia pitagórica.
Cuando Jose volvió, sobre las 6, decidimos ir al centro neurálgico del ocio belmezano: el Bar Plaza. Allí me pedí la cerveza más pequeña que me han puesto nunca: 200 mL. Eso no era una cerveza, era una muestra gratuita. Un chupito con espuma. Una caña de Playmobil.
En cualquier caso, el enclave cumplía su función antropológica: mirar pasar la vida mientras el pueblo entero parece suspendido entre 1987 y un single de Camela.
Por fin llegó el momento que todo el mundo estaba esperando: probar la famosa lasaña del alemán psicópata.
Yo ayudé rallando tres zanahorias, aunque lo hice al revés y tardé un montón. Una actuación lamentable, impropia de un hombre alfabetizado. Ahí comprendí que mi destino no está en la cocina sino en la crítica destructiva.
La lasaña estaba realmente muy buena. Tener obesidad mórbida definitivamente te sube las skills culinarias. Hay gente que aprende en Le Cordon Bleu; otros aprenden porque su cuerpo les exige excelencia en cada capa de bechamel. En cualquier caso, el fanegas le sabe a la cocina. Mazazo.
Después de cenar vimos la película para la que Cusa tanta expectación había creado: El Graduado. No me voy a exceder aquí porque hice review, pero adelanto que Jose se ardió de sobremanera.
Nos levantamos, fuimos a comer churros y J me acompañó a la parada del autobús a Córdoba.
The dream is over.
Belmez quedaba atrás, como quedan atrás los amores de verano, las prácticas de topografía y las promesas de “mañana estudio”. Cusa partía de la ciudad del pecado con el estómago lleno, el alma confusa y una ligera sospecha de haber vivido una experiencia surrealista en las profundidades del Valle del Guadiato.
Me encuentro ahora mismo en el autobús a Córdoba escribiendo esto, que es como se escriben las grandes crónicas: con sueño, con traqueteo y con dos señoras hablando de sus nietos.
Me sorprendió mucho que J, llevando más de tres años en Belmez, tratara de pagar en todos sitios con tarjeta. Creo que de las cuatro o cinco veces que lo intentó, no pudo pagar nunca: o tenían datáfono pero no iba la conexión, o Cusa era más rápido, o directamente no tenían.
En cada interacción J perdía aura a ojos vista, mientras C pagaba en efectivo diciendo:
“Esto no falla.”
Y claro, ahí no hay debate posible. Me duele decirlo, pero aquí J quedó muy nerdi. No se puede ir sin efectivo por Belmez, trol. Eso es como ir a una comunión sin hambre o a ver Valquiria sin el DNI electrónico.
No lo mencioné antes, pero las patatas Moyano parece ser que vienen de Ucrania. Pedimos dos bolsas y nos costó la friolera de 5 euros. Cinco euros. Por patatas. Ni que las hubiera pelado Zelenski con lágrimas de cosaco.
Además, le cambiaron la puta receta a las patatas de ajo. Ya no saben a nada. Otra tradición que muere, otro pilar de España que se derrumba, otra prueba de que el progreso consiste en empeorar lo que ya funcionaba.
En resumen: Belmez nos recibió, nos alimentó, nos cobró en efectivo y nos devolvió cambiados. J perdió aura, C ganó narrativa, el alemán psicópata cocinó y las patatas Moyano confirmaron que el pasado SÍ fue mejor.
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El camino, una historia de breaking bad (y también un libro de Miguel Delibes sobre un niño de pueblo)
Pues la verdad es que, de las tres entregas de rompiendo mal, el camino es generalmente la menos valorada, y la verdad es que tampoco me parece tan así.
Rompiendo mal es la polla, para muchos (y para mí) la mejor serie de todos los tiempos, y mejor llamar a Saúl está bien, aunque en mi opinión es ABURRIDA Y LENTA a más no poder, con lo que me parece mal que se desprecie tanto el camino, más aún cuando la peli está chill y cumple con su cometido de darle un final a la historia de yesi.
Nota: 8.6/10
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El término “okei* es una españolización de “O.K.”, abreviatura inglesa para “vale”, que viene a su vez de “oll korrect”, (todo correcto), escrito mal a posta como parte de una broma lingüística del Estados Unidos del siglo XIX, concretamente en 1840 con la campaña presidencial de Martín Van Buren, a quien llamaban Old Kinderhook (O.K.), y que usaba este término como parte de su campaña.
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Buena peli. Natalie Portman es y será siempre la polla, y el plot está guapo: el personaje de V es potente y hay frases en la peli que pegan más duro que la chancla de tu madre.
Nota: 9/10
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Anécdota bélica muy conocida. El 20 de diciembre de 1943, en el marco de la Segunda Guerra Mundial y en el conocido como incidente del B-17, el piloto de la Luftwaffe Franz Stigler se encontró con un bombardero B-17 americano pilotado por Charles “Charlie” Brown.
El bombardero estaba severamente dañado e indefenso. Al notar esto, Stigler no solo les perdonó la vida, sino que les escoltó hasta que salieron del espacio aéreo alemán.
El incidente permaneció desconocido hasta 1990. Tras la guerra, con Stigler refugiado en Canadá, Brown y Stigler acabaron conociéndose y se hicieron amigos hasta la muerte de Brown en 2008.
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Cuando Vince Gilligan presentó Breaking Bad, muchos ejecutivos asociaban a Bryan Cranston con su papel cómico de Hal en Malcolm in the Middle y no lo veían como protagonista de un drama criminal.
Gilligan insistió en que Cranston tenía el rango perfecto para interpretar a Walter White: un personaje capaz de pasar de profesor aparentemente normal a figura cada vez más oscura y ambiciosa dentro del narcotráfico.
Tras defender su elección, el estudio acabó aceptando el casting. El resultado terminó siendo una de las interpretaciones más icónicas de la televisión moderna.
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Hannibal lecter nunca dijo “hola, clarice” en el silencio de los corderos
Es un efecto mandela común. En la película el silencio de los corderos el asesino hannibal lecter dice “Buenos días” en lugar de “hola, clarice” cuando conoce por piemra vez a la detective.
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Google tiene Easter eggs que se pueden activar con determinadas búsquedas.
Alguna vez has probado a introducir la búsqueda “do a barrel roll” en Google?
Seguramente no.
El caso es que, si lo haces, la página de Google está programada para hacer precisamente eso. Es parte de una serie de búsquedas que activan Easter eggs en el buscador. Aquí dejo algunos.
-Google in 1998 te lleva a la página en su diseño original. -Cha cha slide te lleva a la canción de DJ casper, y si pulsas sobre el micrófono la pantalla baila -dvd screensaver te lleva al mítico salvapantallas que nunca toca la esquina -aakew inclina la pantalla
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Ya se ven las primeras balizas
“¡Perro sanxe se acaba de llevar 20 napos!” —clamaba Calbo cuñao en la comida familiar al ver IVA el ticket.
Pero, ¿tenía razón?
Pues no.
Para empezar, no se llama “ticket”, sino factura simplificada, y es aquella a la que se pueden atener todos los movimientos de naturaleza mercantil de cargo inferior a 1000 euros.
Para continuar, de esos 20 bolos, Hacienda realmente se llevará 30, 20, 10 o -10, dependiendo del caso.
La tributación en concepto de Impuesto sobre el Valor Añadido varía en función del sector productivo, volumen de negocio o forma jurídica, pero hay algo que no cambia independientemente del régimen de IVA en el que uno concurra: la Agencia Tributaria lo que se lleva siempre es la diferencia entre total devengado y total soportado durante el ejercicio económico, sea este resultado positivo o negativo.
En cristiano: lo que Hacienda se lleva es siempre el resultado de restarle el total de IVA que has pagado con todas tus compras al total de IVA que has ganado con todas tus ventas.
Con lo cual no, Hacienda no se llevó 20 euros aquel día, pero lo que es seguro es que, si el restaurante tenía beneficios (ganaba más que perdía), Hacienda también ganaba.
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En peores plazas hemos toreado es una expresión coloquial española, de origen taurino, que significa básicamente:
“Ya hemos estado en situaciones peores que esta, así que podremos con ello.”
Se usa para restarle gravedad a una situación mala comparándola con otra peor que se vivió en el pasado.[2][6]
También puede aparecer en contextos machistas cuando se habla de personas como si fueran “plazas” mejores o peores, un uso desaconsejado pero todavía frecuente en algunos grupos.[2]
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Pues no que estabamos dando un paseo una chiquilla y yo
Y me dice bueno es que me interesas tú pero también me interesa otro pero tú más
En mi vida había pasado tan rápido de horny bird a angry bird
Y me fui a clavarme un pajote 😈
Mientras suena el “Canon en D” de Pachelbel en un anuncio de la recién estrenada MOEVE —la marca que jubila a la antigua Cepsa (Compañía Española de Petróleos, S.A.)—, calvo cuñao sentencia con aire de superioridad:
Calvo CuñaoEl nombre lo puso el autor en plan como para decir; superalo, no se puede, es la norma, es el ejemplo a seguir
¿Tenía razón?
Ni de lejos.
En teoría musical, el término canon, del griego kanon; “norma, ley”, se refiere a un recurso por el cual los instrumentos se imitan entre sí, pero a destiempo.
La próxima vez que escuchen esta sublime obra musical, presten atención.
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Pues Di Caprio está en Sierra leona traficando con diamantes y conoce a Solomon, un fisherman q se encuentra un diamante del copón pero su hijo es un niño soldado de los salvajes rebeldes que van ppr ahí violando y matando y no se engiende muy bien por qué lo hacem exactamente dicen que quieren liberar sierra leona del gobierno que esta comprado por los europeos que quieren diamantes y por las milicias y grandes mineras que quieren que la guerra se prolongue para poder seguir extrayendo diamantes de forma impune. El caso es que la peli es la polla porque tiene acción a saco y es super cruda y te muestra las durezas del TIA (this is África), de su gente, de como se autoperciben, del racismo, de los “mzungu” o “blancos en África” y sus vidas, del tráfico de armas, de diamantes y encima tiene un montón de guerra y explosiones y mola. Y por último y más importante, habla un poco de minas, así q automáticamente le voy a poner un 10 sin atender a ningún otro tipo de criterio. Por si sola quizás la peli también alcanzara esta nota, porque la historia, di Caprio y las brutales escenas molan mucho.
Nota: 10/10
Sabes que has llegado a tu peak en la vida cuando te meten en este grupo.

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Cuando un cumstadistico promedio es seducido por el diablo, este le vende su alma a cambio de 7 deseos, pero en cada uno de ellos la Elisabeth hurley le trolea. Al final, Brendan fraser descubre los valores de la vida, a diosito y en el camino nos deja una peli muy graciosa y remolona. Le pongo un 9 porque Brendan fraser es la polla y la peli es graciosa.
Nota: 9/10