Facto diario número 161.
Lee Van Cleef, el Malo de la película “El Bueno, el Feo y el Malo” tenía 41 años al rodar la peli. Yo le echaba 41 en cada punta del bigote, que barbaridad

Cusalo, o C para los amigos (se pronuncia ‘CU’), es un individuo de tamaño de bosillo pero peligrosamente eficiente. A simple vista parece inofensivo, casi entrañable, pero lo cierto es que C es una mente maquinando 24/7, afilada por años de agravios por su estatura y por su sueño secreto: la dominación mundial.
Su plato favorito es el arroz a la cubana, no por falta de paladar, sino porque para C, menos es más. Con tomate, huevo y plátano frito, C te construye un imperio.
C olvida, pero no perdona. Guarda agravios como quien colecciona estampitas, esperando el momento exacto para devolvértelo con intereses. Vive desconectado del mundo moderno, como un monje medieval con Wi-Fi, y cree que TikTok y el Anime es una prueba de que el mundo merece caer.
En resumen:
C no grita, susurra.
No ataca, planea.
No folla, se masturba.
Y cuando te des cuenta, ya es demasiado tarde. La máquina de la lógica. Si hay una forma óptima de hacer algo, la encontrará, la criticará y luego te dirá que eres un inútil por no haberlo visto antes.
Lee Van Cleef, el Malo de la película “El Bueno, el Feo y el Malo” tenía 41 años al rodar la peli. Yo le echaba 41 en cada punta del bigote, que barbaridad
Si no te importa que la serie…
…te va a encantar. Parecería que por estar gratis en YouTube, la animación sería una mierda pero nada más lejos de la realidad: está perfectamente al nivel de Disney/Pixar. Me la ventilé entera de una sentada (8 capítulos de media hora y un final de una hora), sin nada que hacer hijo de su chingada madre.
Le bajo un poco la nota porque el final me decepcionó un poco
Nota: 8.1/10

Un nerdi informático y una tía buenorra loca del coño saben cosas de los aliens. Una megacorporación malvada intenta impedir que se sepa la verdad.

La película es mala con avaricia, no la veais
NOTA: 5.6/10
El miércoles me pillé un ISE (AVE alemán) y me piré a ver al cusalillo en su nuevo cuartel de operaciones: Mönchengladbach (MG pa los colegas). El trayecto, la verdad, fue muy bueno. Los trenes todos a su hora y sin problemas. Lo único es que había en el regional una chinita al lado hablando con su familia o algo a viva voz. Qué trola.
Aproveché el tiempo (lo malgasté) en hacer puzzles de ajedrez. Llegué a 2000 de elo de puzzles en Lichess.
Importante es que llevaba dos (2️⃣) obsequios: un browni con todas las de la ley que hice el día de antes y una botella de vino que me pillé en una enoteca al lado de mi keli. Solo lo mejor para cusa.
Cusa me estaba esperando en la estación de MG. Ya desde lejos, y sin llevar las gafas, reconocí su silueta y me dio alegría ver al cusalillo. Qué maestro.
Nos paramos en el Macdonal a comer. De paso pude apreciar MG en todo su esplendor.
De camino a su casa nos paramos en el lidl porque quería comprar helado de vainilla para comerlo junto al browni, como hacen los americanos. Total, que como tiesos que somos, compramos el más industrial que había: dos kilakos de helado más duro que un cuerno. El táper era enorme.
Tan enorme, de hecho, que cuando llegamos a CUSA HQ nos damos cuenta de que no cabe en el fakin congelador. Qué troleo. Al final lo sacamos con una cuchara y lo metimos en dos táperes.
La casa Cusa (Cusa Casa) está muy bien. Vive como un rey. Lo único loco de su casa es que solo tiene un lavabo y ahí tiene que lavar los platos y todo. Además, todo está dispuesto muy cusesco. No sé cómo explicarlo, pero es asin.
Por la tarde vino el Sesa. Compramos nachos para recordar los viejos tiempos y nos comimos la mitad del browni con su correspondiente helado. Muy bueno.
También abrimos el vinito y la verdad es que estaba bastante bien. El trol de la enoteca le supo.

Con Sesa jugamos al Brotato y a las cartas, al julepe. Todo eso mientras nos alcoholizábamos y nos zampábamos sendas pipsas como gordos.
Dormí en la cama de Cusa (no homo) y me desperté como una hora antes que él. Me puse a leer los relatos de Asimov que me recomendó y empecé con uno que estaba bastante chulo, de un robos que se vuelve majara con la religión.
Cuando despertó Cusa desayunamos una fakin tortilla entre los dos, con un poco de pan.
Después Cusa me dijo que iríamos a un museo, que no me podía decir de qué. Yo le dije que okei y salimos de CUSA HQ.
Resultó ser que el museo era de Star Wars.
Digo: ok. Pero no me he traído las gafas.
Fallo mío.
Nos damos la vuelta para recogerlas y, por el camino, miro en internet el precio. 14 bolos. Duis mío. Ahi no se si cusa se dio cuenta pero los ojos me saltaron como Bugs buny.
Estuve todo el camino de vuelta intentando disuadir al Cusa, pero se mantenía férreo en su posición: me iba a invitar.
CusaNo sois conscientes de la tabarra que me dio por 14€ de mierda, que ni siquiera iba a pagar él. Como maniobra de sabotaje, intentó convencerme de ir a un Minigolf que estaba a tomar por culo (y que encima era más caro). Yo ya conozco al U (y su tacañería extrema) y simplemente sudé.
Al final fuimos y estuvo muy chulo. Adjunto foto.




Luego nos fuimos a Duisburg, que habíamos quedado con los compas de la carrera. Estuvo bien verlos, la verdad. Sobre todo al Kumar, que, por cierto, es el único aparte de nosotros que ha terminado la carrera. Los demás van pisando güevos, los troles.
Jugamos al impostor y eso, y comimos pipsa otra vez y snacks indios rarísimos. Muy bueno.
Después nos regresamos a MG y los trenes nos trolearon (meramente un presagio del día siguiente) y tardamos como una hora en llegar a CUSA HQ.
Al despertarnos, devoramos entre los dos, como gordos, el resto del browni. Qué bueno estaba.
De camino a Casa Sesa sentí la ineludible llamada de la chamba. Ole. Busqué chamba y encontré… una chamba. Duro.
Llamé a mi familia para contarles las nuevas noticias y le dejé caer al Cusa que les invitaría a cenar algo.
El Cusa, conociendo mi cicatería, planeó lo que me tendría nervioso todo el día: la idea de comer en un POL POT (sitio chino).
Todo el día me estuvieron comiendo la cabeza para que preparase, al menos, SIEN (1️⃣0️⃣0️⃣) bolos.
Qué troleo.
Fuimos al Neto a comprar carnaca para la barbacoa y también algo de cerveza. En esto último, unas random que estaban al 30 por ciento nos llamaron y no pudimos resistir su hechizo. Las compramos sin mirar ni de qué marca eran.
A mala hora nos dimos cuenta, como diez minutos después, de que no tenían alcohol.
Papeada catastrófica.
Si no llega a ser por mí los troles no se dan la vuelta. Menos mal que insistí y las llevamos para devolverlas. A la gorda de la cajera no le hizo mucha gracia pero bueno…
En casa de Sesa vi a Cusa borracho. Qué locura. Esto no me pasaba desde hace mucho tiempo.
Bebimos lo justo para no ponernos como para no disfrutar. También les enseñé algunas biches de Bayreuth y se pusieron ferales. Pero les dije que tuvieran cuidado, que eran malvadas.
Comimos barbacoa y Sesa estuvo todo el tiempo dándome la chapa con que él había pagado la comida y que no sé qué, que aceptara lo de invitarlos a una cena de SIEN (1️⃣0️⃣0️⃣) bolos. Le dije q ok, pero en verdad estaba cagado todavía.
Nos quisimos meter en la sauna, pero el pa de Sesa no nos dejó. Dijo que estaba húmeda (??) o algo. No sé. Está duro y el Sesa con su pa tiene sero (0️⃣) posibilidades de negociación.
CusaU, lo que pasó es que le explotó una válvula de agua y se inundó un poco una parte del sótano
En fin. Nos bañamos en la piscina, que está genial.

Cómo vive el Sesa.
Entonces nos fuimos a Duss para preparar mi sablada.
Sesa nos convenció para que dejásemos las cosas en su casa para poder salir a algún lado después, que nos las devolvería al día siguiente, y nosotros, tontamente, aceptamos. Esto resultaría ser nefasto más tarde.
La comida bien. Eso está bastante chulo, pero, en fin, me parece una pijada y una estrategia de los chinos para que te cocines tú tu propia comida. Además lo pedias todo por una tablet. Literalmente los trabajadores estaban de adorno. Putos chinos.

Pero la verdad es que estaba muy bueno todo. Eso sí.
Al final me cobraron 70 ñapos, que es dinero, pero bueno. Como me estuvieron metiendo miedo todo el día me esperaba más, así que me pareció razonable.
CusaU, a estas alturas de la vida no sabes q Sesa es un dramático?
Luego, como se podrá imaginar, con la barriga llena y más sobrios que un cura en un entierro, a Cusa y a mí se nos quitaron las ganas de hacer algo como no fuera irnos a su casa a jugar al Brotato.
Sesa, como también se podrá imaginar, se ardió.
Nos dijo que como no fuésemos a algún garito, que mañana no nos traía las cosas de vuelta.
Chantaje, porque ahí tenía mi libro electrónico.
Por esto le damos una chanse y entramos a un garito, pero yo tenía sero ganas y la verdad me apetecía sero.
Acabamos yéndonos en dies minutos, para el disgusto y la impotencia de sesa. Ya le dije yo que de donde no hay no se puede sacar.
Qué duro.
Sesa siguió con su amenaza de dejarnos sin cosas, así que Cusa dijo de ir a su casa entonces a recogerlas.
Eso hicimos.
Dejamos entonces a Sesa en Krefeld con la solemne promesa de hacerse una manuela para liberar la tensión y nos dispusimos a pillar un tren de vuelta a MG.
Pero los vientos del sino y de DB no soplarían a nuestro favor: no había fakin trenes.
Estuvimos rondando la estación como hobos desesperados a las doce de la noche.
Llegamos a las dos a CUSA HQ con un sueño del carajo.
Sin nada que hacer, hijos de su chingada madre.
Pasamos el día jugando a jueguitos y viendo vídeos de NEGROGAYMER.
Nos dimos un paseo y nos encontramos un Monopoly grati en la calle.
Qué bueno.
También intentamos buscarle nueva chamba al Cusa.
Qué bien me lo pasé y qué maestro es Cusa.
A ver cuándo lo veo de nuevo.
Ya sabe que en Bayreuth tiene siempre un hogar.
En fin.
Qué difícil es escribir en el móvil.
Le daré esto a Chat para que lo corri
Increíble completamente, bendito Internet
Muy buenos días, tardes o noches a todos, depende de cuando me estén leyendo. Como UD han podido leer en el título, voy a hacer una review de la primera encíclica del Papa Leon XIV, sobre la IA.
Pero esta review va a ser distinta, porque la voy a hacer ayudándome de otros artículos, opiniones y demás que se han publicado sobre la misma.
Este articulo viene bien para hablar de la primera mitad de la encíclica, está escrito por Alberto Olmos, que es un columnista que escribe de todo sin saber de nada (es lo que tiene tener que escribir 2 o 3 columnas a la semana). Aquí nos da su opinión sobre la encíclica, seguramente sin habérsela leido.
Todo para decir, en cuarenta mil palabras, lo mismo que Zapatero.
El bien es bueno, el mal, malo; los dueños de las empresas tecnológicas tienen demasiado poder. Démosle el poder al pueblo. Es decir, démoselo a un puñado de gente distinta, pero sin el menor talento.
Esto me ha parecido brutal. En la encíclica el Papa no para de abogar por que los Estados tengan un papel activo en la regulación de la IA, proteger a los pobres, garantizar derechos y toda la pesca.
El Estado no sabe darme una cita para renovar el DNI sin que parezca que estoy intentando comprar entradas para un concierto de Bad Bunny. Con esos antecedentes, entregarle además la gestión de la inteligencia artificial parece una apuesta tan sensata como poner a un mono a pilotar un avión.
Esto es lo que podemos deducir por los escolios entusiastas que se han sucedido en la prensa española, donde todos han encontrado que León XIV decía cosas muy bonitas en su encíclica, pues defendía lo bueno y se oponía a lo malo. Parece que, entre bit y bit, también ha habido ocasión en la carta romana para destilar otra idea deslumbrante: que la guerra es mala. No hagáis guerras. “Tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos”, escribe el pontífice. ¿Lo conseguiremos? ¿Conseguiremos las personas humanas permanecer profundamente humanas?>
Otro puntazo de Olmos, el papa no para de decir que hay que permanecer siendo “personas humanas”, que si dignidad, que si humanidad que si carta de los derechos humanos. Parece un burócrata de Bruselas, posiblemente lo más lejano a un humano que alguien pueda imaginar.
Continuamos con la segunda mitad, aquí León XIV deja de dar la matraca con los derechos humanos y comerle la polla a la socialdemocracia y se centra en criticar la IA. Me he decidido por usar este artículo de Simon Willison, que es un nerd con un blog donde escribe sobre tecnología. No da muchos comentarios, pero si pone algunos highlights.
101 Ampliando la mirada al uso de la IA en nuestras sociedades, constatamos que ya está presente en procesos de decisión en todos los ámbitos y a diversos niveles: en la comunicación, la gestión y el control. Las ventajas en términos de eficiencia y las potencialidades de mejora de algunos servicios son evidentes; sin embargo, una adopción rápida y acrítica nos expone a diversos riesgos, como el de subestimar el impacto ambiental. Los actuales sistemas de IA requieren grandes cantidades de energía y agua, inciden de manera significativa en las emisiones de anhídrido carbónico y consumen recursos de manera intensiva. Con el aumento de la complejidad, sobre todo en los grandes modelos lingüísticos, crecen también las necesidades de potencia de cálculo y capacidad de almacenamiento, que se apoyan en un conjunto de máquinas, cables, centros de datos e infraestructuras consumidoras de energía. Por eso es esencial desarrollar soluciones tecnológicas más sostenibles para reducir el impacto sobre el medioambiente y cuidar nuestra Casa común.
Sabe Dios lo que significa la Casa común…
Esto no es falso. Los centros de datos consumen una barbaridad. Lo que es lamentable es la necesidad de tener que justificar cualquier avance tecnológico como una especie de pecado original ante una comisión de inquisidores medioambientales.
108 En efecto, como ocurre con todo gran avance tecnológico, la IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a los datos. A la luz del bien común y del destino universal de los bienes, este fenómeno suscita seria preocupación: pequeños grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos. Por eso es indispensable que el uso de la IA —sobre todo cuando involucra bienes públicos y derechos fundamentales— esté acompañado de criterios claros y controles efectivos, inspirados en la participación y la subsidiariedad; las comunidades y los cuerpos intermedios no pueden ser reducidos a destinatarios de decisiones tomadas en otros lugares, sino que deben poder contribuir al discernimiento y a la vigilancia.
La preocupación de fondo es razonable: quien controla los datos y la infraestructura acumula poder. Pero la solución que da me hace pensar que es peor el remedio que la enfermedad.
Jose María Bellido MorillasEstá escrita por gente que sólo lee encíclicas, por papimaníacos que dan más vueltas a los Decretos que a los Evangelios, y se queda a medias de todo. León XIV es un Papa genérico de banco de imágenes y, si esta encíclica no la ha hecho una IA, lo parece. Prefiero mil veces el delirio carca de Clemente XIII o el delirio progre de Francisco a leer este tofu de cinco capítulos que no hace más que refreír lo que ya sabíamos sin aportar nada.
Si a Pilar Alegría le parece bien lo que has escrito, es que lo has hecho muy mal.

Nota: 5.3/10
Jordi el Niño Polla realmente se llama Ángel y nació en Ciudad Real
J, en un arranque de generosidad que todavía investiga la Guardia Civil, invitó al cusalónido a Belmez. Como Cusa no tenía nada especialmente interesante que hacer (aparte de hincharse a torrijas) aceptó con el clásico sticker de “okei”.

El Jose le dijo a Cusa que estuviera a las 8:30 en el Rectorado. DOS (2) veces. Pero el cusalillo que es más cabezón que un melón, no se enteró y se plantó allí a las 8:00, al que madruga Dios le ayuda supongo.
Indirectamente hizo un servicio a la comunidad, porque solo gracias a su llamada de coordinación, J se levantó de la cama. El trolaco llegó a las 6AM de Zaragoza y aprovechó esas 2 horas para dormir un poco.
Llegamos a Belmez y el josumatorio me suelta que tiene clase. Que si quiero ir. Cusa, en su tónica de darle “okei” a todo, le da okei.
La clase no estaba mal, aunque se la sudaba a todo el mundo con la fuerza de un pantano desembalsando. Los únicos que atendimos fuimos yo —alumno modélico, príncipe de la virtud— y Óscar, un personaje del que ya nos había hablado J. Yo no me imaginaba que estuviese tan reventado de la vida: le faltaban piezas dentales, olía a tabaco y parecía haber tirado la toalla en todo menos en perseguir su sueño de ser universitario. Vamos, un GANADOR con todas las letras.
Por lo menos aprendí algo: ya sé pasar de latitud y longitud a coordenadas cartesianas en un mapa de España. Toma ya. De Belmez al cielo, del abismo a cartesianas.
La clase fue más larga que un día sin pan y más densa que las lentejas del cusa. Empezaba a las 10, eran como tres horas de presentación y luego había una práctica/ejercicio. A mi juicio, con 45 minutos de lectura y 1,25 horas de ejercicio aquello iba más que servido, pero la universidad pública tiene esa manía tan suya de confundir duración con profundidad.
El ejercicio era después de comer. Yo hice pellas. Si me quedaba un poco más me convertiría en Don Gerhard Mercator, cartógrafo y comerciante ilustre e hijo pródigo de Duisburg (/tags/duisburg). No, gracias. Prefiero ser un cusalillo feliz que un cartógrafo amargado.
En principio íbamos a ir al Gran Bar, templo ya conocido por los cumstadísticos, santuario de fritanga y redención, pero el único compañero de carrera de J persuadió al josecillo para ir al Asador Restaurante Crespo.
Escúchame: no he visto un camarero con más parsimonia en mi vida. Aquel hombre no trabajaba, simplemente vivía el momento al máximo sin hacer absolutamente nada. No nos trajo las bebidas a la mesa, nos puso unos vasos con tanta cal que les echabas agua y se convertían en leche de la COVAP, y encima tuvimos que ir nosotros a pedir la carta. Faltó que nos dijera dónde estaba la cocina para hacernos el solomillo nosotros mismos.
Yo pedí solomillo de cerdo a las brasas y estaba muy bueno, las cosas como son. Jose pidió carrillada y no estaba muy allá. Correcta, pero sablada.
La verdad es que el sitio me decepcionó. Me da mucho coraje la típica parsimonia del camarero cordobés: esa mezcla entre “ahora voy”, “no tengo prisa” y “si te mueres, te cobro igualmente”.
“El que espera desespera, pero el camarero de Córdoba ni se entera”, Rosalía de los Gazules.
Como ya avancé me dio pereza quedarme a la práctica y me volví a casa, donde me recibió el alemán psicópata. Estuve hablando un ratillo con él en alemán y me sorprendió que al psicópata le costara tanto hablar en alemán. El hombre me lo agradeció, porque en Belmez no tiene nadie con quien practicar. Normal: en Belmez lo internacional se basa en ser panchito o moro: el sota, caballo y rey.
Luego me puse a escribir durante el resto de la tarde, porque tengo el examen del C1 en una semana.
Solo interrumpí mi descanso con vídeos de Agarthan Math, porque uno no puede regenerar el alma sin matemáticas subterráneas y esquizofrenia pitagórica.
Cuando Jose volvió, sobre las 6, decidimos ir al centro neurálgico del ocio belmezano: el Bar Plaza. Allí me pedí la cerveza más pequeña que me han puesto nunca: 200 mL. Eso no era una cerveza, era una muestra gratuita. Un chupito con espuma. Una caña de Playmobil.
En cualquier caso, el enclave cumplía su función antropológica: mirar pasar la vida mientras el pueblo entero parece suspendido entre 1987 y un single de Camela.
Por fin llegó el momento que todo el mundo estaba esperando: probar la famosa lasaña del alemán psicópata.
Yo ayudé rallando tres zanahorias, aunque lo hice al revés y tardé un montón. Una actuación lamentable, impropia de un hombre alfabetizado. Ahí comprendí que mi destino no está en la cocina sino en la crítica destructiva.
La lasaña estaba realmente muy buena. Tener obesidad mórbida definitivamente te sube las skills culinarias. Hay gente que aprende en Le Cordon Bleu; otros aprenden porque su cuerpo les exige excelencia en cada capa de bechamel. En cualquier caso, el fanegas le sabe a la cocina. Mazazo.
Después de cenar vimos la película para la que Cusa tanta expectación había creado: El Graduado. No me voy a exceder aquí porque hice review, pero adelanto que Jose se ardió de sobremanera.
Nos levantamos, fuimos a comer churros y J me acompañó a la parada del autobús a Córdoba.
The dream is over.
Belmez quedaba atrás, como quedan atrás los amores de verano, las prácticas de topografía y las promesas de “mañana estudio”. Cusa partía de la ciudad del pecado con el estómago lleno, el alma confusa y una ligera sospecha de haber vivido una experiencia surrealista en las profundidades del Valle del Guadiato.
Me encuentro ahora mismo en el autobús a Córdoba escribiendo esto, que es como se escriben las grandes crónicas: con sueño, con traqueteo y con dos señoras hablando de sus nietos.
Me sorprendió mucho que J, llevando más de tres años en Belmez, tratara de pagar en todos sitios con tarjeta. Creo que de las cuatro o cinco veces que lo intentó, no pudo pagar nunca: o tenían datáfono pero no iba la conexión, o Cusa era más rápido, o directamente no tenían.
En cada interacción J perdía aura a ojos vista, mientras C pagaba en efectivo diciendo:
“Esto no falla.”
Y claro, ahí no hay debate posible. Me duele decirlo, pero aquí J quedó muy nerdi. No se puede ir sin efectivo por Belmez, trol. Eso es como ir a una comunión sin hambre o a ver Valquiria sin el DNI electrónico.
No lo mencioné antes, pero las patatas Moyano parece ser que vienen de Ucrania. Pedimos dos bolsas y nos costó la friolera de 5 euros. Cinco euros. Por patatas. Ni que las hubiera pelado Zelenski con lágrimas de cosaco.
Además, le cambiaron la puta receta a las patatas de ajo. Ya no saben a nada. Otra tradición que muere, otro pilar de España que se derrumba, otra prueba de que el progreso consiste en empeorar lo que ya funcionaba.
En resumen: Belmez nos recibió, nos alimentó, nos cobró en efectivo y nos devolvió cambiados. J perdió aura, C ganó narrativa, el alemán psicópata cocinó y las patatas Moyano confirmaron que el pasado SÍ fue mejor.
el maquiavélico mini-hombre

El gigante de hierro es unrelated, pero la portada original no me gustaba.
Algo que tampoco tiene mucho que ver con el “libro” es la película de Will Smith, que es una adaptación muy libre.
Realmente, Yo Robot es una colección de relatos cortos, chapuceramente unidos entre sí, que giran en torno a la figura de los robots y los desafíos éticos y morales que plantean.
Para mí esto es una genialidad, porque cada relato es como una pequeña historia independiente, pero al mismo tiempo, todos están conectados por un hilo conductor que los une y les da sentido. Luego leí que Asimov lo escribió para una revista de ciencia ficción por fascículos, lo que explica su formato.
“Yo, Robot” es considerado por la crítica como uno de los libros fundamentales de la ciencia ficción, sin embargo yo no podría estar más en desacuerdo.
Este libro ni es fantasía ni es ficción, Asimov no se inventa nada; sino que deduce racionalmente el futuro de la humanidad y es capaz de predecir con una precisión asombrosa cómo serán los robots y cómo interactuarán con los humanos. Y el tío dio en el clavo, casi todas las ideas que Asimov presenta en el libro se han convertido en realidad, como la inteligencia artificial, la robótica y la ética de la tecnología.
Isaac Asimov nació en Rusia, pero sus padres se marcharon a EEUU tras la revolución rusa, mucho antes de que él pudiese hablar. Se crió en Estados Unidos y ya en una edad muy temprana se interesó por la escritura y la ciencia. De· hecho, es uno de los escritores más prolíficos de la historia, con más de 500 libros publicados en su vida, lo cual es una puta barbaridad.
Y no solo se limitó a escribir sobre robots, sino que también abordó temas como la psicología, la historia y la religión. Su obra ha tenido un impacto brutal en la cultura popular y ha inspirado a una generación de escritores y científicos.
A mí lo que me animó a leer el libro fue el álbum de Alan Parsons “I Robot”, que no tiene nada que ver con el libro, fuck it
Nota: 9.3
el maquiavélico mini-hombre
Te voy a decir una palabra: PLÁSTICOS

La película nos cuenta la vida de Ben, un nerdi de familia de rancio abolengo que vuelve a casa justo tras graduarse en una prestigiosa universidad estadounidense. El chaval llega con su título, su cara de empanao y más perdido que el barco del arroz.
Y entonces aparece la señora Robinson, una señora de esas que no seducen: te hacen una OPA hostil sobre la voluntad. Una vieja gloria con más peligro que un mono con 2 pistolas, que decide convertir al protagonista en su proyecto de verano. A partir de ahí, Ben pasa de recién graduado confundido a juguete roto con carnet joven.
Esta película es como la primera paja: al principio no entiendes muy bien qué está pasando, pero cuando acaba te quedas mirando al techo replanteándote tu sitio en el universo.
Lo curioso de “El graduado” es que empieza como una peli muy fina, muy contenida, muy de “vamos a hablar de la alienación juvenil en la América burguesa”, y luego, más o menos en el Ecuador del metraje, empeiza a desfasar muy basto. Lo que parecía una historia cuidadosamente construida se convierte en un mal viaje de setas, pero con corbata, piscina y líos de mantas de por medio.
Además, la peli va básicamente de la bajada a los infiernos de un trol bastante cumstadístico . Es unsettling, como dirían los americhangos, que tienen una palabra elegante para todo porque decir “esto da mal rollo, picha” les debe parecer poco académico.
Paso ahora con los puntos positivos, porque tampoco vamos a venir aquí solo a escupir bilis, aunque ganas no faltan.
Ben está interpretado por Dustin Hoffman, que aquí tiene una cara constante de “me han metido en la vida adulta sin tutorial”. Se podría decir que es un Al Pacino de Hacendado, pero sería injusto, porque el tío se la saca. Tiene ese aire de hombre pequeño, nervioso, incómodo, con pinta de que le pides fuego y te responde con una crisis existencial.
La señora Robinson, por otra parte, está incluso mejor. Es puro veneno con un lingotazo en la mano. No necesita gritar ni hacer aspavientos: le basta con mirar para llegar al fondo de alma. Vaya mujerón, pillo vaginesil.
Y no digo más porque entramos en terreno spoiler, y tampoco es plan de reventarle la peli a los tres lectores con alma que queden en este vertedero digital.
Apunte: aunque en la película parece que Ben y la señora Robinson tienen una gran diferencia de edad, los actores sólo se llevan 7 años en la vida real. La magia del cine, supongo.
La fotografía es cojonuda. En general la peli tiene una imagen muy cuidada, pero los planos en la casa de la señora Robinson son directamente historia del cine. No hace falta decir nada más
La banda sonora se compone únicamente por canciones de Simon & Garfunkel. La película abre con The Sound of Silence, y ya desde ahí sabes que esto va en serio.
Durante toda la peli suenan temazos, aunque en la segunda mitad se empiezan a repetir más que un chorizo de compango. Llega un punto en el que parece que Simon & Garfunkel están escondidos detrás de un seto esperando a que Ben haga cualquier tontería para meterle otra guitarra acústica.
Eso sí, por culpa de esta película me ha dado el venazo de meterme en la música de esta gente y madre mía. Paul Simon es un genio, pero lo que Dios le dio de talento se lo quitó de altura. Mide 10 centímetros menos que yo, lo cual implica que un Umpa Lumpa le funde al baloncesto.
Aquí estoy sesgado, porque me siento bastante identificado con el protagonista, al menos al principio de la película. No en lo de liarme con señoras Robinson, sino en esa sensación de terminar una etapa y no tener ni puñetera idea de qué hacer con tu vida.
Los problemas vitales de Ben están muy bien planteados: la incertidumbre, la presión social, el encajar en una vida que otros ya han diseñado por ti, el miedo a acabar siendo una pieza más del mueble familiar. La película trata todo eso con una lucidez bastante bestia. No te lo explica como si fueras tonto, aunque a veces el espectador medio lo merezca, sino que te lo deja ahí, flotando, como el olor a fritanga después de una feria.
La trama, además, es muy creativa. Rarísima, pero creativa. No he visto muchas películas parecidas. Empieza como drama generacional, se transforma en comedia incómoda, luego en romance tóxico, luego en persecución obsesiva y acaba en un final que parece escrito por alguien que llevaba tres cafés, dos divorcios y una deuda moral con la vida.
A día de hoy esta película estaría completamente funada, triturada y servida en stories de Instagram por pachamamicos y feministas por igual. Y aun así, precisamente por eso, tiene más interés. Porque es incómoda, contradictoria y extraña. Como la vida adulta, pero con mejor fotografía y música.
Aunque le haya comido bastante la polla, “El Graduado” no es perfecta, ni de coña. Pero tiene algo. Tiene aura. Tiene veneno. Tiene esa clase de películas que terminas y no sabes si te ha gustado mucho o si te ha dejado secuelas.
Justo al acabar pensé en ponerle un 7 o un 7,5, pero después de dejarla a barbecho, me ha acabado gustando mucho. No es solo una película sobre un chaval perdido. Es una película sobre ese momento horrible en el que te das cuenta de que la vida adulta no viene con instrucciones, que tus padres no tienen ni idea, que la sociedad te quiere colocar en una cinta transportadora y que tú, mientras tanto, solo quieres que alguien te diga qué cojones hacer.
Y eso, cumstateros, eso vale bastante.
Nota: 8.15/10
Las galletas María son parte integral del desayuno nacional. Han estado ahí en la casa de tu abuela (mi abuela tenía un cubo justo para este menester), meriendas de colegio y para picar entre horas. Aunque hoy en día están de capa caída, todos hemos mojado una María hasta que se desintegra y cae, a plomo, al fondo de la taza.
Aunque muchos crean que son más españolas que las castañuelas y la sobremesa, en realidad nacieron en Inglaterra en 1874. Fueron creadas para celebrar la boda de la duquesa María Aleksándrovna con un príncipe británico. Un matrimonio aristocrático acabó dando lugar a la galleta española por antonomasia. Pero no se lo digas a tu abuela que igual te deshereda
Os pongo en situación, cumstateros.
Un colega del instituto, al que a partir de ahora llamaremos Chulin, se fue a Holanda a estudiar. La última noticia que yo tenía de él era que se había vuelto a España en plan año sabático.
Total, que en Navidades el Pedro me suelta que Chulin estaba de nuevo en Holanda, así que retomé contacto con él. Entre una cosa y otra, acabamos cuadrando que este finde me iba a pasar a visitarlo: sábado 21 de marzo por la tarde hasta el domingo, quedándome a dormir en su casa.

Lo bueno es que el trayecto es muy corto: una hora y veinte en tren desde Mönchengladbach a Eindhoven.
Lo malo es que la planificación, dio mucho que desear. Yo le pregunté al Chat qué coño se podía hacer en Eindhoven, pero la verdad, no me convenció una mierda de lo que me dijo. Y creedme cuando os digo que este detalle luego va a tener su aquel, porque aquí empieza a mascarse la tragedia.
Bueno, el caso es que llego a Eindhoven sobre las seis y media de la tarde y allí estaba el Chulin esperándome, como un padre recogiendo a su hijo en la salida del CEIP Salvador Vinuesa.

Vamos a cenar al restaurante de Hot Pot de Eindhoven. Porque digo yo, coño, si alguien sabrá manejarse en este sitio será Chulin, que es chino, así yo sólo me tengo que preocupar de comer.
Total, que empezamos a pedir platos y se nos fue la mano. Empezamos a pedir cosas a tocomocho: que si carne por aquí, que si flor de loto por allá, que si kimchi también, que si venga otra ronda de bebida. Resultado: 45 pavos por barba, brutal. Pero una cosa te digo: como los dos curramos, pues nos lo pudimos permitir sin tener que pasar por la tienda de Rick de Empeños a lo Bestia. La gula nos poseyó, no hay más vuelta de hoja.
Durante la cena, Chulin me contó que hizo un año sabático en España, currando en uno de los restaurantes de su familia (tiene 3, Saboriental, Tokio (creo que es este) y La Casita de Xu). Pero ya está de vuelta en Holanda, estudiando en la universidad de Eindhoven, y me dijo que se había matriculado en un curso de “Urbanismo, Sostenibilidad y Energía" o algo así, la verdad es que mi cara era un poema, qué mierdas es eso??? A él tampoco le veía muy convencido, yo que sé. Y de sidejob estaba en el almacén del IKEA, que al parecer estaba bien.
En mitad de la cena, entre bocado y bocado, me suelta el Chulin así, full nonchalant, que si después quería fumar un porro de marihuana. Y yo ahí me quedé un momento pensando, maquiavelismo a tope. Al final llegué a la conclusión de que si no me lo fumaba con Don Chulin en ese momento, probablemente no lo probaría en la vida. Además, ni la maría es tan peligrosa ni tengo yo opciones fáciles de adquirirla por mi cuenta, así que pensé: bueno, Viva la Pepa, una vez y a correr.
Así que después de la comilona nos fuimos para su casa. Y oye, la casa estaba muy bien. Una de estas casas unifamiliares típicas de Holanda, con su jardincito y sus cositas, muy apañada, para gente no reventada de la vida. La compartía con otros 3 estudiantes y pagaba 400 euros al mes, que me parece tirado de precio, ahí lavan dinero negro seguro. Vamos, que por ese precio en normalmente te alquilan una caja de zapatos con humedad y un chamán tocando la flauta dulce.

Y ya allí fue cuando sacamos lo que no hace daño, la droga, los porros. Aunque, como me corrigió amablemente Mr. Chulin, aquello no eran “porros” así en genérico, sino “verdes”, porque llevaban solo maría. Todo natural.
La verdad, yo pensaba que la cosa iba a ser bastante más duro, en plan viaje astral, contacto con el más allá o verme discutiendo con una farola cual es el mejor método de autenticación de Cl@ve. Pero qué va. Realmente no sentí tantísimo. A ver, me notaba raro, sí, pero nada de decir: “buah, chaval, he salido del videojuego”. Ni mucho menos.
Al fumar, lo que más loco me pasó fue que tosía como una Mobylette arrancando en cuesta. También es verdad que fumar maría así, sin filtro ni hostias, a cara de perro, entra duro, duro de cojones. Y ojo, que no fui yo solo: el Chulín también tosió lo suyo, o sea que no era una carencia técnica exclusiva mía, así que por esa parte estaba más tranquilo.
Ya una vez asentado el tema en el cuerpo, sinceramente, me notaba distinto, pero poco más. Era más bien una alteración suave, en plan que el mundo iba con otro ritmo, pero tú seguías siendo tú y no una versión menos sexy del Mickie Mouse empírico.
Rollo:
Eso sí, lo curioso es que, pese a ir un poco en modo NPC premium, podía hacer perfectamente todas mis funciones vitales. Andar, hablar, pensar, existir en sociedad, todo correcto. No estaba yo tirado en el suelo descubriendo los secretos del mercurio rojo ni intentando comunicarme con los ummitas de la cuarta dimensión. De hecho, el Chulin debía esperar que me convirtiera en el loco del fornite y al final me quedé con Cusa con dos 2L de cerveza en sangre.
Así que nada, con el porillo ya asentado en nuestros pulmones, nos pusimos a ver un episodio de El joven Sheldon. Dos notas recién fumados viendo al niño nerdi y luego, a dormir como dos marqueses del Ingreso Mínimo Vital. Una escena de una decadencia tranquila, de una paz rara, de una Europa que aún merece ser salvada.
Nos levantamos con los rayos del sol dándonos en toda la cara a las 8:30 de la mañana, en plan despertar bucólico, como si fuéramos pastores de la serie Heidi en vez de dos notas que se habían pimplado unos verdes la noche anterior. Nos duchamos y nos fuimos al Lidl a por el desayuno. Punto curioso: en Holanda casi todo abre los domingos. Capitalismo sin control, para que 2 reventados se puedan comprar su desayuno en el día del Señor.

Para desayunar pillamos unas ensaimadas con crema de avellana por dentro, que estaban bastante buenas. Marranada dulce, de esa que entra de lujo y luego te deja las tripas bailando el aserejé. Ahí me di cuenta de que a Chulin es un fan de la diabetis tipo 2, le encantan los dulzajos; hasta un punto que no es ni medio normal. El tío me contó que se había ventilado como cuatro paquetes de magdalenas “red velvet” en una semana. CUATRO (4) paquetes de SEIS (6) MADALENAS. En SIETE (7) días. Realmente para J son números de principiante pero para mi son números de un ayatolá del azúcar.
Después del desayuno, pues nada, nos fumamos otro porrillo, porque ya puestos, pues le damos. Y otra vez igual: tampoco me afectó demasiado. Yo ya empezaba a pensar que o bien tengo la tolerancia de un niño congoleño en una mina de cobalto, o bien el material que tenía Chulin no valía ni pa hacer sopaipas.
Luego fuimos para el centro de Eindhoven, y aquí viene uno de los momentos más críticos de toda la expedición: teníamos que ir en bici. La cuestión es que sólo tenía una bici, y yo iba montado en una especie de montacargas de la rueda delantera, ahí agarrado como podía.
Ya había ido así el primer día, pero emporrado es una movie (como diría Chulin) completamente distinta. Inexplicablemente le dí chance a Chulin. No pasó nada, gracias al de Arriba, pero perfectamente podría haber acabado yo en un canal o empotrado contra una farola holandesa.
Llegamos al centro y fuimos a comer a un sitio de burgers. Me costó 14,5 euros la burger con patatas y bebida, que sinceramente no lo vi ninguna barbaridad. Tal y como está el mundo, casi me pareció hasta razonable. He visto clavadas más gordas por menos comida y más desprecio. El camarero cumplía 100% el fenotipo de colgao que regenta un local de smash burgers, también es de reseñar que su nivel de pachama era impresionante.
Después nos metimos en el museo de Philips. Y aquí hablando en plata: es malo, pero malo de cojones. Una cosa desangelada, sin alma, sin duende, sin nada de valor: sólo texto, muuuucho texto. No merece absolutamente la pena ir. Vamos, que si me dicen que era una exposición temporal montada por tres becarios de la UCO, me lo creo. Más emoción tiene mirar el folleto de una lavadora.
Más tarde fuimos a un coffee shop y cayó otro más, jijijija, pero esta vez lo compramos allí mismo en la tienda. Ese no pegaba casi nada, tenía menos fuerza que un pedo de un maricón.
Después fuimos a cenar a un sitio de burritos. No me acuerdo cuánto me costó, señal de que no me dolió demasiado o de que mi cerebro ya iba como el Windows 11 cuando abres más de 3 pestañas, pero el burrito estaba bien, sin más. Cumplidor. Entró, alimentó y adelante. Tampoco era el banquete del Rey Arturo, pero hizo el apaño.
Y el resto del tiempo, pues deambulando, básicamente. Porque esa es la verdad desnuda y sin maquillaje: no sabíamos qué coño hacer en esa fucking ciudad. Como sitio en teoría debería tener cosas, pero luego te ves dando vueltas como dos NPCs desbloqueados sin misión principal. Mucho paseo, mucha calle, mucha bici, pero plan como tal… regulinchi.
Realmente fue más culpa de Chulin, que va a sota, caballo y rey. La sota son porros, el caballo son porros y el rey son más porros, pero bueno.
Al final cogí el tren de vuelta a casa y me piré. Y aquí me hallo, escribiendo esto medio emporrado todavía, con esa sensación extraña de estar funcional pero más fuera de mí que dentro. Bastante loco, la verdad. No loco de camisa de fuerza, pero sí en ese punto en el que te notas que la mente va 2 compases por detrás del cuerpo.
Si consumes marihuana con regularidad eres GILIPOLLAS. ¿Quién cojones decide, por voluntad propia, nerfearse la cabeza? Es que no tiene ni épica ni estilo ni nada. Y para rematar, ni siquiera da placer de verdad: solo te deja medio tonto.
A mí me ha parecido una cosa bastante parecida al alcohol, pero sin lo bueno del alcohol. Porque el alcohol es mierda pero al menos tiene un componente social, una chispa, un subidón, jarana, libertad sin ira, libertad: te recuerda que estás vivo.
La marihuana te vuelve subnormal y ya.
En fin, eso era todo, figuras. A vivir, que son dos días
Jacobo y Santiago son el mismo nombre!! Santiago viene de Sanctus Iacobus (latín para San Jacobo). Con el tiempo se contrajo: Sant Iacob, Sant Iago, Santiago. Es el mismo nombre que Jacobo, solo que pasado por la hormigonera del castellano medieval. Iago también viene de Jacobo, pero cuantos nombres tiene este tio?
el maquiavélico mini-hombre
Facto diario número 156. La expresión “chuminá de #lacarlota”, que significa chuminá a la enésima potencia, viene de una antigua pastelería de #lacarlotacentrocomercial que vendía un dulce muy pequeño al que le llamaron “chuminá”.
En contra de la sabiduría popular, el término NO fue acuñado porque habitantes de #lacarlotapueblocolonial fueran especialmente chuminosos

Basado en hechos reales: Ayer tuve que luchar a muerte con Autofirma para leer el DNIe digital en Firefox.
Escúchame una cosita, internauta
Si has caído aquí buscando “La Montiela” en Google, que Dios te pille confesado. No te tomes en serio nada de lo que escriba, porque tengo la azotea para que me den la invalidez ayer mismo. Debería estar encerrado con camisa de fuerza, pero aquí me tienes, soltando barbaridades detrás de una pantalla porque es gratis. Un poquito de por favor y ten compasión de un pobre loco.

La Montiela es una pedanía de Santaella (Córdoba) que se fundó como poblado de colonización en los años 60, en otras palabras, la invención de la tarjeta de crédito tiene más solera y años que el asfalto de este pueblo. Son apenas 1000 almas allí metidas.
Me urgía escribir esto porque la huella digital de este pueblo era más pequeña que el presupuesto en fiestas de un monasterio. Alguien tenía que sacarlo del anonimato, aunque fuera a rastras.
El sitio es el estándar de “pueblo de manual”: su Iglesia, su polideportivo, su colegio (donde los niños están hasta que tienen uso de razón y los mandan a Santaella) y los cuatro bares de rigor para no morir de sed.
Poca gente sabe que en la zona de Santaella el paro es un mito, casi 0%. ¿Por qué? Pues porque tienen una fábrica de verduras congeladas que da de comer a medio mundo. Y el que no quiere doblar el lomo allí, pues se dedica al estraperlo de tabaco y a mover “cositas” de esas que dan risa o sueño. Un motor económico impecable.
Otro dato: Hasta hace nada Santaella tenía una pedanía más: La Guijarrosa. Pero se independizaron en 2018. Son gente famosa por ser más bastos que un yogur de chorizo. Básicamente, son como los de Montalbán pero en versión descafeinada.
Ríos: Para ser un pueblo de cuatro casas, tienen 3 ríos (TRES). El Cabra se junta con el Genil y luego está el arroyo del Salado. Lo gracioso es que, con tanta agua, nadie se fía de beber del grifo. Todo el mundo con garrafas de agua mineral porque el agua de allí debe de llevar más pesticidas y sustratos que un bote de Fertiberia.
Tren: El AVE pasa por la puerta, pero como si no pasara. La estación más cercana es Puente Genil-Herrera y te tienes que pegar media hora de coche. Olvídate, vamos.
Distancia a la humanidad: Si para ti Écija es el centro del mundo, pues estás de lujo. Pero si quieres ir a Córdoba o Sevilla, prepárate para casi una hora de viaje. Mención especial a la carretera de Santaella a La Montiela: es basura inmunde donde más de un montielense ilustre se ha ido al otro barrio por culpa del mal estado del firme.
Bares: Ni idea. Hace siglos que no piso uno allí y no me voy a poner a investigar ahora, que me da pereza.
Le casco un 7,9 porque, aunque ha salido muy bien parada de los criterios objetivos, le falta ese “aura” de pueblo andaluz rancio donde los viejos se matan a garrotazos por una linde o un palmo de tierra. Da Fe de ello que la población no baja, lo cual no es la tónica habitual: se ve que a la gente le gusta el sitio y no huyen despavoridos.
En resumen: “Pueblo chico, infierno grande”, pero en La Montiela parece ser que el infierno es más soportable.